Sueños escritos

La vida es un sueño imaginado


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EQUILIBRISTA SOBRE EL MAR

Pablo pasaba horas mirando al cielo cuando se sentía abrumado, triste. Un día echó a andar tranquilo, con un libro en la mano. Lo abrió y leyó. Eran las instrucciones de cómo controlar la vida a partir de cumplir los cuarenta. En el apartado donde explicaba algo sobre el tema de perseguir los sueños había una nota de atención. Empezó a pensar en el significado de aquellas palabras.

De repente detuvo sus pasos. Miró las nubes. Volvió la vista atrás. El camino que ya no se encontraba. Había desaparecido. Bajo sus pies apareció el mar. El viento agitaba el agua creando un fuerte oleaje. Recordó que no sabía nadar. Se preguntó cuándo salió del camino y, sin darse cuenta, subió a la cuerda floja. Pasó demasiado rápido de un lado a otro. En sus manos seguía el libro. Volvió a leer la advertencia en voz alta: Los sueños, sueños son.
El cable empezó a temblar bajo sus zapatos. La única cosa a la que podía sujetarse era al libro. Pensó que necesitaba otro libro para hacer equilibrio y llegar hasta el final. No era un buen momento para tomar un descanso pero sí para reducir la velocidad. Ante el peligro de ser lanzado al vacío por el fuerte viento hizo un gran esfuerzo. Por momentos dejó ir al miedo. La opresión se lo puso más difícil. El temor volvía. Tratando de ejercer control se sintió frágil.
Evitó mirar hacia abajo. Fijó la vista en un punto lejano en el horizonte. El otro extremo se veía lejos. Rezó algo muy rápido. Parpadeó un instante, recordó la vieja mecedora de su madre. Le llegó un sentimiento sorprendente. Se sintió seguro, feliz. Excitado continuó su caminar sobre la cuerda. Se vio inundado por una extraña sensación de libertad. Reconoció la locura del equilibrista. Se sintió vivo. Libre. Supo que era más fuerte de lo que creía.
Pablo descubrió que no había fallado ni una sola vez. Sin perder el equilibrio se sintió como un pájaro. Pensó que en las nubes se está mucho mejor.

Sandy Torres 25/11/2016