Sueños escritos

La vida es un sueño imaginado


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EL REGRESO

La idea era visitar un cementerio en cada uno de los cinco países más poblados del mundo en un tiempo record de tres semanas. El trabajo consistía en identificar la tumba, tomar fotografías al yacente situando el lugar geográfico y recabar datos. En todos los casos estudiados el muerto había cometido varios delitos. Era gente peligrosa, lo peor de la humanidad. El motivo de la muerte nos era irrelevante.

Ordenados los países por número de habitantes salieron elegidos cinco de entre los 20 primeros de la lista. China, que se encuentra el primero, seguido de India y Estados Unidos en el tercer puesto fueron descartados. La güija (ouija) apuntó Alemania, Bangladés, Etiopía, Nigeria y México. Según el número de habitantes el número de muertos es equivalente.

Antes de partir con vuelo a nuestro primer destino, el guía hizo un extraño comentario, algo que ninguno de los viajeros atendió. Nadie preguntó nada, ni expuso la más mínima duda. No supimos lo que quiso dar a entender con sus palabras hasta que llegó el final de la misión. Eran las cinco de la madrugada del último día. Nos dispusimos a recoger nuestro equipaje y material técnico. Ya, dentro del avión de vuelta a casa, en el instante que todo ocurrió alguien recordó a modo de descubrimiento macabro, a la mente colectiva del grupo, las palabras del guía:

“Se trata de un viaje arriesgado, peligroso, necesitan el permiso para poder repatriar los cuerpos, dijo.”

A pesar del aparatoso accidente solo uno salvó su vida. Aquella misma tarde de Todos los Santos Difuntos —día de los muertos— aumentaron los decesos en los respectivos lugares de origen.

Por alguna razón, que no vamos a explicar, sabemos que en determinados cementerios existen “entes” esperando la visita de nuevos cuerpos turísticos.

Ahora que lo pienso bien, no puedo reconocer en mí a esa persona que otros afirman que soy, después de aquella experiencia todo es posible.