Sueños escritos

La vida es un sueño imaginado


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EL VIENTO

 

 

Esta casa pintada de gris es fría, lúgubre. Fuera, el viento silba contento. Por entre las rendijas de las ventanas viejas entra con su canto tenebroso, entra, por agujeros y grietas, espabilando mi ensueño. Desde lejos acerca oscuras noticias. Al trote trae gritos de mal agüero. Me inquieta su lamento.

En vela paso la noche, pues, hipócrita, incito la huída de mi descanso. Invisible, el viento, levanta el polvo de esta habitación abandonada hace mucho tiempo.

Nerviosa, me acerco a la ventana para ver cómo de feo imagino a ese monstruo. Me asomo por una rendija. Desde fuera, él sopla y seca mi pupila, mi ojo, y una lágrima de un pasado olvidado.

Espero que se vaya la noche, que resucite el día. No es lo mismo una noche fría de viento helado que cuando el sol, al despuntar el alba lo besa y lo calienta.

El viento todo lo puede cuando tiene prisa. Ligero corre como salvaje por entre las cosas y las personas, trota, y todo lo desmonta.

Loco, recorre su ruta de viaje. Dificulta el vuelo de los pájaros. La gente se protege dentro de su casa, encerrada. Por la calle solitaria no camina un alma, porque el viento muge y asusta.

La tristeza se convierte en risa cuando llegan los niños y recorren pasillos, cuartos y salones abandonados. Los saludo con un susurro y ellos huyen despavoridos gritando: ¡Fantasmas! ¡Aquí habitan fantasmas!

En esta casa abandonada, vieja y cerrada se oyen murmullos en la noche sombría porque el viento se muestra misterioso. Oscuro, tenebroso, el frío hiela la punta de los dedos de mis pies, las orejas y la nariz que no tengo. Es entonces cuando me lamento: No hay un alma que consuele este desasosiego.

 

01 04 2018 Sandy Torres

EL VIENTO

 

 


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LAS FLORES Y EL AMOR

Como cada mañana visito la playa, mis perros me acompañan. Por el cielo vuelan algunos pájaros y gaviotas.
A lo lejos, las palomas entonan canciones. Su arrullo me trae recuerdos de cuando era niña y despertaba con su canto. De mis padres, los veo en mi memoria, allí, donde los puedo encontrar vivos, preocupados algunas veces por culpa de las penurias de aquellos años. Otras veces los encuentro felices por ver sanos a sus hijos, mis hermanos. Éste es mi tierno y feliz recuerdo de un tiempo que ya no vuelve.
La vida es mágica, pienso, cuando recuerdo aquello que viví de pequeña.  La vida es bella por todo lo bueno que nos rodea. En este campo de arena, piedras y tierra. Entre la verde hierba, brotan bellas flores amarillas, violetas y rojas amapolas.
Me inquieta el zumbido de las abejas que revolotean cerca, cuando recolectan polen para la miel, llevan las botas puestas. Sin ser alérgica temo la picadura. Conozco mi reacción, que es ninguna, pero, la costumbre de sentir miedo es normal. Y que me entre ese temblor por dentro, también es natural.
La primavera se renueva, otra vez, llega con su aroma floral. Llena de color y luz mi tierra. De nuevo despierta, siendo joven, eterna.
Contemplo los cálidos amaneceres, cuando el sol aparece triunfante desde un levante despejado. Alumbra el agua con destellos, baña de luz el mar y arroja su calor, entonces siento adoración por lo bello y el amor.
Campo a través encuentro el suelo humedecido. La diminuta hierba crece envuelta con el manto del rocío. Ligero polvillo de agua que da brillo al suelo y al nuevo día. Por esto, y por todo lo que nos regala, amo la vida.
Las flores saludan al sol cada mañana. Enamorada de tanta belleza, me voy a casa, a reposar los recuerdos de mis desafortunados amores  en años anteriores.
Como las flores en la tarde, adormecidas esperan que salga la luna para que les cante una nana, yo, adormecida reposo en la enrollada sabana de mi cama los diminutos crujidos de un corazón que suena lento, quebrado, despacio, silencioso y algo viejo.
Los destellos de mar que brillan con su luz blanca transmiten paz, como el crepitar de la llama que calienta la habitación donde duerme mi alma, junto a la chimenea, mientras escucho cómo llueve fuera. En la noche se levanta una espesa niebla que nubla el sentimiento silencioso de un amor oculto dentro de mi pecho.

15 de febrero de 2018 Sandy Torres

 

LAS FLORES Y EL AMOR


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GOTAS DE AGUA

GOTAS DE AGUA

Percibo el efecto mágico de las flores y la hierba mojada. Fijo la mirada en unas gotas de agua sostenidas sobre las hojas verdes. Alineadas, transparentes, son un confuso reflejo de otra realidad que sin ser es.

Una diminuta mano acaricia los pétalos de una flor violeta.
Entre las ramas y hojas busco el cuerpo de su dueña, o dueño, no sé lo que es.
Imagino a un ser extraño de orejas puntiagudas, ojos redondos de intenso color negro que miran hacia mí y se esconde bajo la flor. De carita rosácea, amplia sonrisa y piernas cortas. Lo imagino tan pequeño, tan frágil… ¡Y rápido!

Ágil, desaparece de un salto. Se fue, ya no está. Quizá se encuentra bajo las hojas ¿Y si le diera por trepar, subir por mi pierna, cadera, cintura, costado y alcanzar mi oreja… ? Sacudo la pierna, con cuidado, no quiero aplastarlo.
Quién sabe si alguna vez existió, existe o existirá. Quizá sea fruto de mi desesperación. Busco un toque mágico que me haga sentir bien en esta vida. Descubrir algo nuevo que me deje perpleja, con la boca abierta.
—¿Estaré loca? —me pregunto.
—¿…?
— Tan mal no deseo estar —me respondo.
— ¡…!

Mi obligación en la vida es modificar lo que no me aporta felicidad. Lo mejor para mí es distraer mi atención en lo que me rodea. Mirar las pequeñas cosas que antes no veía. Por eso lo único que me atrae, y distrae, son las diminutas criaturas que habitan la tierra. Quizá logre ver de cerca al extraño ser que corretea por entre la hierba y acaricia las flores. De eso se trata.
A los engranajes de la vida le sobra aceite y le faltan dientes. La cosa de la vida es…, sin ser del todo, un viaje, un vuelo, un suspiro. Un hola y el adiós.
Accesos abiertos y cerrados al interior. Cerrados y abiertos al exterior de un lugar donde no existen verjas. No queda nada porque en realidad lo que hay es nada. La vida es como un muro sin bloques.

Lo que queda por hacer es gritar con fuerza, no reprimir el llanto, porque tal y como están las cosas no hay más y no merezco sufrir. Cualquier cosa es posible cuando todas las opciones están agotadas.